El viento soplaba con fuerza contra su cara. Se esforzaba por mantener el ritmo constante. La llovizna le hacía entrecerrar los ojos. Le encantaba sentir como resbalaban las gotas de agua por las mejillas mientras luchaba contra los elementos. Miraba el cronómetro de reojo, como si se tratara de un contrincante a batir.
Esquivando las piedras del camino, y todo ese barro que se impregnaba en las zapatillas. Cada zancada costaba un poco más. Pero alzaba la vista y podía ver en el horizonte unos rayos de sol escapando de aquellos nubarrones grises. Un halo de esperanza para proseguir su camino.
Quedaba muy poco para cumplir el objetivo. Era un compromiso consigo mismo, y no podía defraudarse. Apenas quedaban 100 metros para cubrir los 7 km propuestos. El cronómetro marcaba 29:17. Tenía que bajar de 30 minutos y sabía que ese era el día. Después de tres meses de intenso trabajo sentía que todo el esfuerzo no era en vano.
Cuando terminó el camino, presionó el botón de STOP mirando fijamente a la pantalla. Sus labios dibujaron una sonrisa. Empapado de agua y aún con la respiración alterada miró hacia atrás, hacia el camino que había dejado atrás. Y pudo comprobar como, zafándose de aquellas nubes que le tenían atrapado, un sol deslumbrante asomaba.
Satisfecho por el trabajo realizado, cogió aquella libreta roja donde mantenía anotado todo su progreso. Debajo del tiempo de hace dos días anotó su próximo objetivo. El que sería su siguiente enemigo a batir. 29:51.
Foto: Flickr
Esquivando las piedras del camino, y todo ese barro que se impregnaba en las zapatillas. Cada zancada costaba un poco más. Pero alzaba la vista y podía ver en el horizonte unos rayos de sol escapando de aquellos nubarrones grises. Un halo de esperanza para proseguir su camino.
Quedaba muy poco para cumplir el objetivo. Era un compromiso consigo mismo, y no podía defraudarse. Apenas quedaban 100 metros para cubrir los 7 km propuestos. El cronómetro marcaba 29:17. Tenía que bajar de 30 minutos y sabía que ese era el día. Después de tres meses de intenso trabajo sentía que todo el esfuerzo no era en vano.
Cuando terminó el camino, presionó el botón de STOP mirando fijamente a la pantalla. Sus labios dibujaron una sonrisa. Empapado de agua y aún con la respiración alterada miró hacia atrás, hacia el camino que había dejado atrás. Y pudo comprobar como, zafándose de aquellas nubes que le tenían atrapado, un sol deslumbrante asomaba.
Satisfecho por el trabajo realizado, cogió aquella libreta roja donde mantenía anotado todo su progreso. Debajo del tiempo de hace dos días anotó su próximo objetivo. El que sería su siguiente enemigo a batir. 29:51.
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