
Era preciosa. Se llamaría Sandra. Nació un 5 de Octubre como otro cualquiera. Se decía que traía un pan debajo del brazo. Pero más importante aún es que había nacido libre. Como todos. Aunque cuando naces no eres consciente de esa grandeza.
No sabía nada de la vida. Apenas podía respirar. De hecho, nunca lo había hecho fuera del útero de la madre. Tampoco sabía alimentarse de otra forma que no fuera mediante el cordón umbilical, dentro de la placenta, hasta entonces su mundo. Sin ideas preconcebias ni prejuicios, sólo viviendo, sin necesidad de nada más.
Pasaron los años y Sandra fue haciéndose mayor. Todos le decían que para labrarse un futuro debía estudiar. Pero ella prefería salir a jugar con sus amigas, aunque sacaba muy buenas notas. Y pasaba tardes enteras leyendo y escribiendo.
Llegó el momento de elegir una carrera. Sus notas de Selectividad habían sido envidiables y podía escoger cualquier carrera. Pero no lo tenía nada claro. Hablando con sus padres y amigos le recomendaron estudiar una Ingeniería. Pronto se convenció. No quería decepcionar a ninguno de ellos.
Acabó la carrera con gran esfuerzo y sacrificio, pero ilusionada. La carrera no le pareció ni bien ni mal, simplemente la hizo. Tenía que hacerla. Además, lo había pasado bien en la Universidad. Había hecho muchos amigos y conoció a Pedro, su novio.
Encontró un gran trabajo donde podría desarrollar las habilidades aprendidas durante la carrera. Se levantaba temprano porque el trabajo lo exigía. Y llegaba no antes de las 8 a casa. Al principio todo era ilusión, pero poco a poco se fue desvaneciendo.
Pasaban los días y cada vez le daba más la impresión de que estaba perdiendo el tiempo, que se había equivocado de camino. Añoraba los tiempos en los cuales su única preocupación era terminar el libro que había empezado. De terminar aquel relato que quedó a medias.
Pero, por otro lado, estaba en un puesto de trabajo que le había costado mucho conseguir. Había tenido que renunciar a muchas cosas por llegar donde estaba en ese momento. Además, no había decepcionado a nadie y había hecho las cosas bien.
Hasta que no pudo más. Estaba cansada de su trabajo, que ya poco le gustaba, y de las discusiones con Pedro, con quien se había casado hace ya un año. Toda la presión y el estrés provocaban angustia y malestar en Sandra, y malhumor. Decidió no ir a trabajar y quedarse en casa. No le importaba si la despedían. No le importaba nada.
Pasó un tiempo pensando si había hecho bien o mal. Hasta que encontró el cuaderno donde escribía cuando era más jóven. Ni se acuerda cuando fue la última vez que lo abrió. Lo hojeó someramente hasta llegar a la primera página en blanco. Cogió un boli y dejó que fluyera la escritura. El teléfono empezó a sonar. Su jefe la llamaba para conocer el motivo de porqué no había acudido a trabajar. Pero Sandra apenas lo escuchó. Seguía escribiendo. Y a medida que lo hacía toda la presión y el estrés fueron desapareciendo. Iba recuperando la ilusión por hacer algo. Y se dio cuenta.
Desde ese momento su vida cambió. Dejó el trabajo y se dedicó a escribir. Si bien es cierto que sabía que con la escritura era difícil ganarse la vida. Pero no le importó. Por primera vez en su vida se sentía verdaderamente libre. Libre de realizar lo que a ella le gustaba realmente, escribir. Libre por saber que era una decisión enteramente suya.
No sabía nada de la vida. Apenas podía respirar. De hecho, nunca lo había hecho fuera del útero de la madre. Tampoco sabía alimentarse de otra forma que no fuera mediante el cordón umbilical, dentro de la placenta, hasta entonces su mundo. Sin ideas preconcebias ni prejuicios, sólo viviendo, sin necesidad de nada más.
Pasaron los años y Sandra fue haciéndose mayor. Todos le decían que para labrarse un futuro debía estudiar. Pero ella prefería salir a jugar con sus amigas, aunque sacaba muy buenas notas. Y pasaba tardes enteras leyendo y escribiendo.
Llegó el momento de elegir una carrera. Sus notas de Selectividad habían sido envidiables y podía escoger cualquier carrera. Pero no lo tenía nada claro. Hablando con sus padres y amigos le recomendaron estudiar una Ingeniería. Pronto se convenció. No quería decepcionar a ninguno de ellos.
Acabó la carrera con gran esfuerzo y sacrificio, pero ilusionada. La carrera no le pareció ni bien ni mal, simplemente la hizo. Tenía que hacerla. Además, lo había pasado bien en la Universidad. Había hecho muchos amigos y conoció a Pedro, su novio.
Encontró un gran trabajo donde podría desarrollar las habilidades aprendidas durante la carrera. Se levantaba temprano porque el trabajo lo exigía. Y llegaba no antes de las 8 a casa. Al principio todo era ilusión, pero poco a poco se fue desvaneciendo.
Pasaban los días y cada vez le daba más la impresión de que estaba perdiendo el tiempo, que se había equivocado de camino. Añoraba los tiempos en los cuales su única preocupación era terminar el libro que había empezado. De terminar aquel relato que quedó a medias.
Pero, por otro lado, estaba en un puesto de trabajo que le había costado mucho conseguir. Había tenido que renunciar a muchas cosas por llegar donde estaba en ese momento. Además, no había decepcionado a nadie y había hecho las cosas bien.
Hasta que no pudo más. Estaba cansada de su trabajo, que ya poco le gustaba, y de las discusiones con Pedro, con quien se había casado hace ya un año. Toda la presión y el estrés provocaban angustia y malestar en Sandra, y malhumor. Decidió no ir a trabajar y quedarse en casa. No le importaba si la despedían. No le importaba nada.
Pasó un tiempo pensando si había hecho bien o mal. Hasta que encontró el cuaderno donde escribía cuando era más jóven. Ni se acuerda cuando fue la última vez que lo abrió. Lo hojeó someramente hasta llegar a la primera página en blanco. Cogió un boli y dejó que fluyera la escritura. El teléfono empezó a sonar. Su jefe la llamaba para conocer el motivo de porqué no había acudido a trabajar. Pero Sandra apenas lo escuchó. Seguía escribiendo. Y a medida que lo hacía toda la presión y el estrés fueron desapareciendo. Iba recuperando la ilusión por hacer algo. Y se dio cuenta.
Desde ese momento su vida cambió. Dejó el trabajo y se dedicó a escribir. Si bien es cierto que sabía que con la escritura era difícil ganarse la vida. Pero no le importó. Por primera vez en su vida se sentía verdaderamente libre. Libre de realizar lo que a ella le gustaba realmente, escribir. Libre por saber que era una decisión enteramente suya.
7 comentarios:
Hace poco que he comenzado el blog, al igual que tú. Te he encontrado por la función "Siguiente blog".
Yo tuve hasta hace poco una libreta donde escribir lo que pensaba. He creído conveniente seguir escribiendo en un blog, "para que los que aprecio me conozcan mejor".
Mañana cumplo los 18, que es más un trámite legal que otra cosa. Supongo que mañana me recortarán un poco la libertad. Supongo que haré una carrera. Supongo que trabajaré durante horas.
Espero cansarme y dedicarme a escribir.
Al igual que en el anterior post hablabas de la vida, yo mañana pienso hacerlo sobre la muerte. Hoy he escrito las frases que me han llevado a hacer la reflexión. Supongo que la tenía hecha ya, pero ahora me he decidido a escribirlo.
Voy a seguir tu blog. Espero que le des una oportunidad al mío tú también.
Buenas tardes
La libertad es un término amplio. Se dice que somos libres, pero ¿hasta que punto? Somos libres de pensar y actuar, aunque a veces es difícil defender nuestras ideas, aún más cuando va en contra de la mayoría.
Estaré encantado de leer tu escrito sobre la muerte. Hay que tener siempre presente que, al igual que el día no podría exisitir sin la noche, la vida está atada a la muerte. Se debe comprender la una y la otra conjuntamente.
Estaré pendiente de tu blog.
PD: ¡Felicidades anticipadas!
Veo que has agregado mi blog al tuyo. Sorprendido, al no haberte visto por allí jamás, pero agradecido por el gesto.
Un saludo.
Hola Raúl,
es cierto. No he comentado nada en tu blog. A decir verdad lo conocí hace bien poco. Y me gustó. Estuve leyendo unos pocos post y decidí seguirlo para tenerlo bien localizado.
Enhorabuena por tu escritura.
Un saludo.
La verdad es que todos somos libres en la medida que las circunstancias nos permiten. Si las cosas nos van bien, podemos aspirar a que lo único que realmente nos ate sea nuestro trabajo, pero al final, es importante estar contento en el trabajo y que sea algo que te satisfaga, pues después de todo será una gran parte de tu tiempo.
Yo también empecé el blog hace ya muchos meses con el fin de canalizar en cierto modo todo lo que no podía aportar a mi trabajo, y la verdad es que ahora mismo no me puedo quejar. Me gusta mi trabajo, me gusta el blog que escribo y me gusta mi vida personal.
Supongo que al final es todo cuestión de perspectiva y no conformarse nunca con algo que no sea de tu total agrado.
Me gustó esta entrada. Buen blog.
Sí, supongo que la gente es libre, salvo casos excepcionales. Pero muchas veces no lo siente como tal. Se siente atado, sobre todo al trabajo.
No me queda mas que darte la razón. Hay que buscar un equilibrio entre trabajo, aficiones y vida personal.
Me encanta la música y con tu blog cada día aprendo cosas nuevas. Enhorabuena.
Hola,
Hace tiempo que no se publica nada en este blog, por favor podrías deleitarnos con tu filosofía?
Gracias
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